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04/12/2007
¿Recuerdas?

En mi memoria siempre estarán presentes las vivencias de los años de niñez, que a lomos de una nebulosa azul con olor de golosinas y bañadas por un haz de chicles de fresa, vienen a mí para dejarme la mirada perdida en el infinito. Una infancia donde la noche de reyes era una de las más importantes del año. Donde si tenía suerte, al pie del árbol de navidad siempre había uno o dos regalos. No como ahora, que Melchor, Gaspar y Baltasar derrochan en las casas medio centro comercial.
Como ya soy mayor y me encuentro metido de lleno en esta sociedad consumista, los regalos navideños, hace tiempo que dejaron de ilusionarme. Por eso, el año pasado pedí a los Reyes Magos un deseo. Volver a ser niño, aunque fuera tan sólo por un día. Algo imposible, claro... O tal vez no.
Esa noche no pude descansar tranquilo, pensando en la idea de que tal vez, cuando despertara y me mirara en el espejo, me vería a mí mismo a la edad de siete u ocho años. Con el pelo revuelto por los remolinos y la boca mellada de dientes que se había llevado el Ratoncito Pérez. Sin embargo, desperté siendo hombre, sobresaltado por el estallido de la alarma del despertador, recordándome con toques de campana que me esperaba el trabajo en la fábrica.
Al llegar al tajo me llamó la atención que el aparcamiento estuviera desierto de almas y coches. También echaba de menos que en los vestuarios nadie dijera obscenidades ni comentarios machistas. Pero no pasaba de ser algo raro. Así que me fui hacia la puerta de entrada a la planta, abrí y pasé.
22/12/2007
Invocación

Y tú vendrás extrañamente,
con la fluidez plural de un río
en el resquicio de la eternidad.
Se hace fría la noche.
Podría alcanzar el verdadero límite,
el sueño que tú fuiste,
y contemplar el fuego sagrado
hasta nacer en la otra orilla.
Con la inocente certeza de quien busca
sin recordar el vértice del viento.
Almudena Urbina

