Alcarreñas (Pieza 2)

De nuevo, enarbolados,
se hacen visibles,
los cánticos de tierra inhóspita.
Ni el lascivo verdor,
ni los huecos fosilizados
del deleite,
ni las vigas del lavadero
podrán silenciar
nuestros ditirambos de infancia.
Por encima del instante
irrumpen recias campanas,
las huellas vernáculas de un hombre
libre y atónito.
En un instante
fui obsequiado con una caracola
consignada a la ausencia.
Álibe
De El eunuco impenitente.
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