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CÁLCULOS DEL AIRE

Reino de Nepal

Reino de Nepal

Permanencia-relampago en la cuna del Yeti, del Everest, en la de los trescientos treinta millones de dioses que, junto a Buda, habitan esta tierra de nieve y cordillera. Ya el hecho de sobrevolar por encima de sus albas alturas a la llegada de la capital, justifican con creces la visita a este reducto fronterizo entre sus dos colosales vecinos que la franquean respetuosamente.

Nepal, desde los primeros instantes me sabe a cielo natural, a tierra reverdecida por la generosidad divina, a culto silencioso, a guarida cristalizada en memoria ancestral donde el hombre aún conserva su linaje no herido por el paso del tiempo. Este lugar, sumergido todavía en el cultivo del alma, huele a inocencia, a sabios dones de paciencia y templanza, dónde se es capaz de proteger el sentido más íntimo de la vida a través de la sencillez de sus gentes y costumbres.
Es sintomática su atmósfera medieval en las ciudades, su cercana reverberación mística aglutinada en los valles, su cadenciosa calma en su azul y cerúlea mirada; este rincón tuvo que ser fecundado por alguien (desconocido u oculto) que se valió de una total y santa sabiduría para construir esta cautivadora patria a pies del Himalaya.
Quedan casi como anecdóticas (aunque diligentes y brillantes) referencias viajeras: Kathmandú,Patán, Swayambhunath, Bhakthapur, Pashupatinath y Boudanath.
Aquí la geografía no es el ópalo fundamental por el que gira el espíritu libre nepalí; todo lo contrario, es en ella donde comienza a germinar la esencia incorruptible de un pueblo pletórico en pensamiento, autenticidad y virtudes imperecederas.


Ángel Fdez. de Marco

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