
Furibundo arde el palacio.
Su techumbre se derrite
como melaza al soplete.
Se derrumba su cubierta,
así como el bargueño de un rostro
hastiado de termitas y mezquindad.
1764. La Avenida te vio nacer
en la diagonal simbiótica
de la perfección y la metáfora;
ahora, tu noble anatomía,
se convierte en fatal herida que recorre
la vía dolorosa de tus vecinos.
Recuerdo a Farinelli,
il piu famoso castrato della storia
con su virtud de rizo neoclásico
y sus arias de mármol y fantasía
entre doseles de placidez.
¡Cuán lejos quedáis imágenes!,
cuando hoy, os toca bailar
con la grotesca partenaire de la derrota.
Brasas del atardecer,
teas que sólo obedecen
a la batuta de Hefesto;
humos y espirales tóxicas
a punto de esposarse con el mal
conforman la pugna
contra el sortilegio de la belleza.
Álibe
El eunuco impenitente
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