Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.
06/09/2006
Julieta Dobles: académica de la Lengua
Estamos de enhorabuena en las filas de nuestra publicación. Julieta Dobles, nuestra querida y entrañable compañera, ingresó el pasado 24 de agosto en la Academia Costarricense de la Lengua. La Sesión Extraordinaria tuvo lugar en el Instituto Cultural de México, de San José, donde la poeta tuvo la ocasión de intervenir y exponer el tema: "El poema como búsqueda interior". Desde nuestras trincheras lingüísticas le envíamos nuestras más sentidas felicitaciones.
Dirección
13/09/2006
Molinos de viento

Para amoldarse a los incipientes tiempos que corrían, donde el reciclaje de residuos y el ahorro en las energías no renovables son las mejores herramientas para no embargar el futuro del planeta, la directiva de Mecaplast decidió construir una nave anexa a la principal de producción, donde revestimientos de plástico defectuosos se tratarían convenientemente para volver a utilizar el material de que estaban hechas.
El nuevo almacén era como una caverna de estalactitas donde las piezas emergían de todos los lados formando columnas, que en un intento infructuoso de abrazarse con las telarañas del techo se desmoronaban por el suelo esparciendo sus trozos por doquier. Había unos grandes contenedores de cartón, y cada uno albergaba en su interior los productos rechazados, seleccionadas convenientemente por colores y tipo de material reciclable. Al fondo, en un recodo de ruido, el run run de una máquina imponente e intimidatoria dejaría sorda a una manada de elefantes. Se trataba, indudablemente, del molino.
El diabólico artefacto era una caja opaca de hierro con una gran boca que devoraba todo lo que le echaran. Tenía metro y medio de alzada y a sus pies había una plataforma para subirse a ella y así ponerse más a la altura del triturador. Dentro, un complicado compendio de engranajes y cuchillas de acero, giraban con un movimiento mareante para despedazar cualquier objeto que cayera en sus entrañas. Podía reducir un simple cenicero de plástico a miles de partículas. Luego estos trocitos se volvían a utilizar mezcl
18/09/2006
El amo de la plantación

Dentro De La Oscuridad
He abrazado la oscuridad de la muerte y he vuelto a nacer. Jugué una partida con la locura y perdí, de mi no queda más que la sombra que proyecta la oscuridad de un alma perturbada. Sin remedio, he caído en las garras de la desesperación, pero por algún motivo me quedan fuerzas suficientes para intentar renacer.
He encontrado la forma de permanecer lúcida escribiendo este diario. No estoy segura de que estas líneas sean mi pasaporte para recuperar de nuevo mi cordura, pero he de intentarlo, para de nuevo formar parte del mundo de los vivos. No quiero permanecer en este nicho frío, esperando a que los gusanos animados por el hedor de la muerte se den un banquete a mi costa, llenando sus grasientos y pequeños estómagos.
Debo respirar fuerte, dejar que el aire penetre por mi nariz, recorra mis pulmones buscando la fuerza necesaria, la que necesito para comenzar a hurgar en mis entrañas hasta llegar a los puntos más oscuros de mi ser. Una vez que he respirado profundamente y he abierto mi herida, esa que parece que cada día que pasa supura más, la que yo sé que no se curará hasta que la halla limpiado de todos los gérmenes que la envenenan y cuyo olor pestilente forma parte mi ser tanto que a veces he deseado arrancarme la misma carne para librarme de tanto pesar.
Ahora sé que es el momento de terminar con el cáncer que me ha consumido toda mi vida. Sí quiero volver a caminar sin mirar atrás, sin tener miedo de lo que los demás digan o piensen de mí, este es el momento. Quizá
27/09/2006
Samarkand

Samarkand, Samarkand... esfinge terrestre, caravana de hematíes... silencios. ¿En qué tormenta cayó tu prolijo legado? ¿En qué joyel fermentaron, hegemónicos, los dátiles de Dios, las madrasas del absoluto bajo el cónclave de lo incierto?
Ancestrales voces escucharon recitarte bajo sulfúreos hedores de cautiverio. Ahora, el polvo me degrada. Y mis manos, mis ajadas manos, son como el rejoj de arena que perdió poder de antiguos mecenazgos.
Samarkand, Samarkand... esmegma herido, humanizado, piel de cordero bendecida, vesania copulativa y montaraz, transita por las estepas del albor; accede al canónico, crepuscular salmo de la verdad. Jamás inhumes tu decadente, asolada sombra… en espiga de olvido.
Ángel Fdez, Damarcus (Alibe)

