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CÁLCULOS DEL AIRE

Crónicas del Silencio

Crónicas del Silencio

No hay mayor medida que el silencio.
Ni palabra más amplia,
la que no dice nada
pero lo dice Todo.

¿Por qué limitar con barreras de aire,
imaginarias ilusiones,
nubes con forma de cielo,
mensajes de Aquel que todo lo entiende,
si podemos quedarnos callados,
y mudos y ciegos,
sin confusión posible;
sin ideas
pero no sin acierto?

Por eso es sagrado el silencio
¿Aún no has entendido?
Es la palabra muda que nombra todas las cosas.
Es el nombre de lo que no tiene nombre.


Vimu Shatkibur

Esencias de lo herido

Esencias de lo herido

¿En qué os habéis convertido,
tú y tus tulipanes negros?
En boca que relata las esencias de lo herido
con sílabas de algodón deliberadas.
¿Y si contara con tu verso para ganar una guerra,
seguiría tu voz apuntalando el viento?

Sabrás que sigo cabalgando nubes,
si has respirado mi aliento,
y sembrando de alas las calles oscuras.
Sabrás que tiento a las madrugadas
con gritos prohibidos, con juramentos
y de tanto en tanto, y enardecido,
reenumero a Dios y subrogo tu cuerpo.

Y ya acampado en la sombra
acecho las curvas del silencio,
instalo trampas a palabras fugitivas
y muerdo con saña los bordes del tiempo.

Domingo Díaz

Cielo de Lancaster sin luna

Cielo de Lancaster sin luna

Del mundo de los vivos te ocultas,
entre moho y carcoma.
No quieres el pan de serrín
de los muertos en vida.

Westerkerk, cuervo nocherniego,
graznó a las horas,
a la penumbra de las horas,
desde su campanario.

Junto al bramido del cielo
-cielo de Lancaster sin luna-
el tiempo desleido en los canales,
tiempo que te navega del Jordaan a Belsen.

Temblorosa de fiebre pasaste a la Historia:
con Margot ya rendida en el suelo del barracón,
¡Padre!, gritaste envuelta en mantas,
mordida de tifus y piojos,
antes de irte como humo de ceniza.

José Carlos Rodrigo Breto


José Carlos Rodrigo

Escritor, nació en Madrid en 1967. Es Licenciado en Ciencias de la Información, rama de Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1990 ha venido colaborando en el área de cultura de numerosas revistas y publicaciones.
En 1994 publicó su primer libro en la editorial Cátedra, titulado Paul Weller: de la Ciudad al Bosque. En 1999 quedó finalista del II Premio Joven de narrativa con su novela Noche y Niebla, publicada por la editorial Nostrum en 2001. Con la misma editorial en 2003 ha publicado Los Pequeños Caballos Azules que, actualmente, se encuentra ya en la segunda edición.

Culto forajido en la Casbah

Culto forajido en la Casbah

A Pepe Le Moko


¡Ya nunca podrás omitir
la costura del barrio medieval!

Treinta y nueve de la viva centuria,
calendario pre-bélico en ambiente;
El Marseille se arrima a la ensenada
tras la niebla voraz de los profetas.

En red de los granujas extranjeros:
sicilianos, eslavos, andaluces
tropezó tu tarjeta residente
ante el fuego invisible de la Casbah.

Las sospechas muy pronto arrebolaron
entre patios, callejas, minaretes
que fundaron edictos del silencio
con almádenas y óxido en la piel.

¡Ya nunca podrás omitir
la costura del barrio medieval!

El pequeño inspector de fez alauita
desbordando dirígese a tu lado
bajo cálido agravio de tumulto
con frenética pose de rapaz.

Confidentes son casi mayoría:
azacanes, orfebres, las rameras,...
La morralla perdida en el panal
cuya celda es carnaza en desventuras.

Tu muralla desbroza, ¡no las piedras!
Sino ríos, relieves de carmín;
Tu muralla extenúa, ¡no disparos!
Sino joya hormonal y de mujer.

Insondable el aroma de distancia
es callada. Parece que barrunta.
Inquietante un olor a muerte llega.
A escondidas, la mar concede y pacta.

¡Ya nunca podrás omitir
la costura del barrio medieval!


Ángel Fdez.de Marco (Álibe).2005

El Tao

El Tao

El Tao es el fondo secreto y común a todos los seres,
el tesoro de los hombres buenos
y el refugio de los que no lo son.

Lao-Tsé

Esencias III

Esencias III


"Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción".
Antonio Machado (1875-1939); poeta y prosista español.

"La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo".
Samuel Taylor Coleridge (1772-1834); poeta inglés.

"El pensamiento es la única cosa del Universo de la que no se puede negar su existencia: negar es pensar".
José Ortega y Gasset (1883-1955); filósofo y ensayista español.

"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado".
André Gide (1859-1951); escritor francés.

P.N. Cañón del Río Lobos

P.N. Cañón del Río Lobos

Amaneció el día desconcertante. Con la presencia de un cielo cubierto, oscuro, muy amenazador de lluvia, chubascoso, se originó un nuevo trayecto; esta vez hacia la localidad de San Esteban de Gormaz. Allí nuestro grupo de Madrid se las vería con la facción pucelana para descubrir las inmediaciones de esta población soriana de evidente atractivo otoñal. El viaje resultó cómodo, plácido donde las conversaciones y el buen humor entre nosotros (los tres expedicionarios del foro) acapararon buena parte del recorrido. Sorprende y esperanzador resultó comprobar que los pronósticos acuosos se diluyeron por completo tras atravesar el puente de Somosierra: tras él, la llanura castellana se divisaba con grandes claros a medida que el auto acercábase hacia territorios menos abruptos y elevados.
Una escasa hora y media vino a ocupar el tiempo empleado en llegar a San Esteban. El silencio tibio y melancólico, el color ocre de las arboledas colindantes a un Duero mayestático pero sereno, y una ausencia de vecinos casi completa, a esas horas de la media mañana, fueron los principales elementos con los que se nos ofreció la bienvenida.
Bordeando el río llegamos al denominado Museo del Románico, lugar esencial de la ruta del día, aunque después de varias deliberaciones se decidió posponer la visita –aprovechando la bonanza climática – en beneficio del Cañón del Río Lobos y paladear así “el gusanillo” de la caminata senderista.
Nueva puesta en marcha. En Burgo de Osma esperaría el grueso del grupo. Al estacionarnos en la villa descubrimos que la entidad municipal que nos acogió rezumaba encanto y sentido estético, una vestidura medieval lozana y rumbosa poco disimulable en contraste con el marchamo de sobriedad que atesora el arte castellano-leonés. Destacaba el recinto amurallado consecuentemente restaurado de las heridas temporales y una esbelta y sólida torre sobresaliente del edificio de la Catedral.
Al abandonar Burgo de Osma, esta vez todos agrupados en sus respectivos vehículos, esperaba el Parque Natural del Cañón, un terreno por completo ignorado, desconocido para mi persona.
Cruzamos Ucero y tras tomar una pista asfaltada en rampa que nos dirigía al núcleo de entrada, comenzaba lo realmente jugoso, lo realmente esplendoroso y gratificante: la armoniosa sintonía de un enclave lleno de atributos extraordinarios.
Las lluvias registradas en las últimas fechas llegaron para resaltar aún más la belleza del sitio con verdor fresco y luminoso. El camino emprendido a pie era llano, con ligeras irregularidades; ninguna dificultad impedía ser conscientes de este panorama edénico en plena serranía soriana. Poca distracciones humanas en forma de ciclista ocasional o transeúnte dominguero se cruzó en demasía, tan sólo ligeras corrientes de aire y el filtro de la luz jugando como al escondite con las nubes conformaron el conjunto de factores inmiscuidos en la andadura.
Llegamos a una ermita románica. Detrás de ella se alzaban descomunales paredes de roca y las agigantadas bocas de grutas que guarecían algo de presencia humana.
La acuarela paisajística no podría prometer más; a las generosas praderas se les agregaba las sabinas, los robles, los juncos, los nenúfares, los arroyuelos festinados de aguas transparentes y piedras blancas, relucientes; las comunidades de buitres leonados que como ángeles dantescos en penitencia planeaban en sincrónica libertad.
Después del almuerzo, chispeante, hilarante emprendimos dirección hacia el Puente de los siete ojos aunque la distancia que nos separaba de él, nos aconsejó retomar la dirección de vuelta ante las pocas horas de luz disponibles.

Cañón del Río Lobos: Espacio abierto nunca amedrentado por la figura del hombre y su vulgar alineación. Cuna del mestizaje rupestre de la naturaleza con el milagro de la existencia... Abrevadero perenne de color, unción y errática turbación.


Ángel Fdez. de Marco (Álibe).2005

Poética de Román Luján

Poética de Román Luján

Las carreteras no terminan en la hierba

Las carreteras no terminan en la hierba

Dicen que los muertos no pueden,
no, no pueden conducir
autos a través de la noche,
que la casa no comienza en el aire
y su oleaje.
Y tal vez dicen bien, mi amor...
Pero es cierto y tú lo sabes:
que las carreteras no terminan en la hierba,
que bogan las lechuzas,
que se puede pisar el viento
y hacerlo crujir como pasto
mientras te desnudas y accedes,
tan guiado por la sombra,
hacia la casa,
hacia la muerte.


Montserrat Doucet. De El invierno de la rosa.Colección Abezetario.2003

Un cuento de sirenas

Un cuento de sirenas

 

Los Delfines ya no añoran la tierra.

Me han contado que hubo un tiempo en que ellos, los Atlantes, la dominaron. Pero el orgullo, la mezquindad y el egoísmo guiaban sus pasos y sus acciones; así, no vislumbraron el final inevitable de su peregrinación insensata, y lo que hubiera podido ser sosegada evolución hacia su fusión con la tierra, con el Universo, degeneró en feroz involución: en su destrucción física que arrastró con ella a su entorno.

El uso irresponsable de la tecnología interfería claramente en los ecosistemas; sin embargo, salvo un pequeño núcleo de críticos despreciados por catastrofistas, el poder, asesorado por científicos en nómina de intereses espurios, no quiso prestar atención a los síntomas.

Y la masa popular se negaba a escuchar nada que supusiera renuncia a la vana comodidad adquirida mediante el abuso de los recursos del planeta.

Cuando sobrevino el desenlace, ya fue demasiado tarde. Se había sobrepasado el tiempo concedido a la reflexión.

Hubo desesperados intentos de última hora, productos de su idolatrada tecnología, irrespetuosa con la Filosofía y la Ciencia pura, que aceleraron la máquina en forma tan indiscriminada e irresponsable que la catástrofe predicha por los críticos fue inevitable y sorpresiva, y de la orgullosa Civilización Atlántida sólo quedaron leyendas orales transmitidas por los escasos supervivientes, aislados voluntariamente de los grandes centros urbanos, abandonados finalmente a merced de la cruda Naturaleza, esquilmada ahora hasta sus más íntimas raíces.

La Energía en estado puro, virtualmente inagotable, extraída directamente del Sol, el intento insensato de tomar las riendas que controlan el galope de los caballos de Helios, parecía la solución ideal: Haciendo conductora la atmósfera, el Viento Solar se condensaría en gigantescas construcciones piramidales distribuidas estratégicamente por el globo terráqueo, y la energía de fusión, limpia y sin residuos, cubriría eternamente las necesidades de un planeta superpoblado, habituado al lujo gratuito.

Pero los mágicos caballos se desbocaron. Un gigantesco cortocircuito arrasó toda la desprotegida superficie, y el inmortal Helios reinó de nuevo en todo su cruel esplendor.

Tan sólo una limpieza general, un hipotético Diluvio Universal, sostendría la esperanza de recuperar la vida.

En la memoria colectiva, un supersticioso temor inculcado en los restos de la raza superviviente permaneció como defensa; pero el paso de las eras, la decadencia de la memoria, hizo que el tabú degenerara en cuento infantil que la renovada confianza en sí misma de la nueva evolución desestimó como mitológico. Era su forma de expresar su desprecio por un pasado que no querían asumir como propio.

Sin embargo se ofrecían sacrificios humanos al Sol, que ya había demostrado su potencia, como compensación a los pecados taumatúrgicos de los que se sentían secretamente culpables. Se aceptaba tácitamente que no se debía mirar de frente a tan potente dios.

Mientras tanto, mucho antes del desenlace, un pequeño grupo de Atlantes, de espíritu pacífico, habiendo ya renunciado a ser escuchados, se fueron aislando de los últimos núcleos de su generación con intención de fundirse con el medio natural, y en su filosofía emergió la idea del retorno al medio original de todas las especies: el líquido amniótico, el Mar.

Anfibios primero, en tránsito mental y físico para el gran retorno propuesto por sus sabios dirigentes, adoptaron finalmente el medio acuático como único, convirtiéndose, tras larga y laboriosa evolución, en Delfines.

Ignorados del mundo cuando sobrevino la gran catástrofe, ésta apenas rozó su profundo retiro acuático en comparación con lo sucedido en la superficie.

Su forma de vida, extraña ya a la humana, ni siquiera consideraba la tradición como sistema. Su propia génesis se diluyó en el olvido; su conciencia intelectual reclamaba otros usos, y la distancia entre tan distintas especies se hizo casi insalvable.

Ya habían incluso olvidado cómo ellos mismos en un último esfuerzo desesperado generaron desde la profundidad abisal el Diluvio que anegó la superficie, lavándola de residuos radiactivos para posibilitar una regeneración. Y rescatando una simbólica pareja de cada especie en los escasos refugios que, elevados sobre el agua invasora, se libraron de la inundación en los diferentes continentes, preservaron la semilla biológica.

Cuando, evos después, la nueva humanidad evolucionó lo suficiente como para ser consciente de su propio medio, a punto de entrar de nuevo en la espiral de desarrollo insostenible que anunciaba una nueva crisis, de nuevo pequeños núcleos, decepcionados por no ser escuchados, dieron en acercarse a la Naturaleza, en protesta contra la nueva civilización tecnológica.

Y en su filosófico camino, tropezaron con los Delfines.

El entendimiento parecía improbable, pero la sospecha de que fuera posible despertó el interés de estos disidentes, que se acercaron al Mar y adoptaron algunas de las costumbres que habían observado en los Delfines, aquellos extraños hermanos, como el respeto y la convivencia con el medio y la poliandria como sistema de supervivencia de la especie.

A su vez los Delfines, sintiéndose observados, fueron saliendo de su letargo de eras, y colaborando tímidamente en la compleja intercomunicación.

La Sirena simboliza esta etapa intermedia, esta lenta transición hacia la convergencia. Su lengua, sus cantos, portan un mensaje común a ambas especies, y es atrayente y dulce, obsesivo.

Pero también insinúan un camino sin retorno para quien cae en sus redes, porque implican una renuncia.

Su espíritu pacífico y respetuoso se expresa en su feminidad, lo que es tan sólo indicativo de su carácter, ajeno a la violencia de todo género.

Pero ese modo de comunicación común, esos cantos de Sirena, son la superficie de algo más profundo. La comunicación entre especies se establece en posiciones espacio temporales, donde ambas se puedan entender, salvando las dificultades biológicas y mentales.

Algunos iluminados, inspirados por aquellos cantos, solitarios caballeros combatientes en medio de aquella gran Mancha, enemigos jurados de los molinos de viento que representan los insaciables gigantes controladores de tempestades y mareas, intuyendo la intrínseca maldad del camino sin retorno a que pudiera conducir el abuso de la tecnología, aun sin consciencia de la tragedia que se desarrolla ante sus ojos, se quejan, clamando contra tan perversa raza, la suya misma, causante directa del futuro que se adivina, y auguran pesimistas pero combativos contra ese eterno retorno que nunca más se podrá levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si éste también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes: valentía y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra. Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor , que no es sino el reflejo de la explosión sobre sus propios ojos cobardes y ávidos de comodidad a costa de cualquier traición a toda la humanidad, síntoma de la fiebre que produce la inspiración diabólica.

Su forma de actuar, su perfil, sus razonamientos, retratan una actitud y unos personajes característicos, obtusos de mente y socialmente peligrosos, a pesar de su facilidad para el populismo.

La personificación de su inhumanidad se conforma como una gran maquinaria, poderosa y omnisciente, de giratorios y potentes brazos conducentes a la nada, pero con los pies de barro, que guían a una humanidad insensible y acomodaticia, narcotizada por el criterio del camino fácil y que tiene como modelos de existencia a aquellas almas cobardes que adoran al Becerro de Oro, a los seguidores del Señor de las Moscas.

La falta de perspectiva, la imposibilidad de una visión de conjunto, nos confunde y nos hace ignorar cómo nuestra propia actividad se acumula a la anterior y amplifica la siguiente en degradante decurso, pero esto no nos puede impedir ver lo que supone intrínsecamente un perjuicio, aunque sea complejo situarlo dentro de tan larga secuencia; por eso se perpetúa en el tiempo un lamento continuo, personificado en elementos aislados, a menudo sin contacto entre sí. Modelos que trascienden los siglos.

El nexo de unión entre estas solitarias personalidades y la idea común, externo a tan desesperada batalla, igualmente se perpetúa, escogiendo aquellas almas sensibles que son capaces de entender, y usándolas como correa de transmisión entre sí y con los diferentes mundos paralelos, que cohabitan con éste.

Si bien la advertencia que acompaña a la proclama parece resultar inútil, y con la rémora de transmitir la duda, en lugar de la ordinaria fe del carbonero, queda como críptico testimonio en lugares, tiempos y personas inaccesibles a la mediocridad: en la poesía, la novela, la pintura, la música,..., las musas, el arte en femenino singular.

Para poder superar la incomprensión ante las diferencias.

Para poder evitar el periódico y estúpido suicidio colectivo al que parecemos abocados.

La vía por la que se accede al contacto va unida a las raíces de la vida: La Naturaleza virginal, el amor,...

Pero como conozco mi dificultad para hacerme entender a menudo, y no pretendo aburrir, sino convencer, he decidido aportar una prueba autobiográfica que quiere demostrar la existencia real de los caminos y los mundos sugeridos, recortando de mi diario retazos de mis encuentros con quien se definía como una Sirena:

 

"()...rozó mis labios con los suyos; luego se desplazó lentamente sobre mi mejilla, hasta mi oído, y empezó a susurrar despacio, primero en francés, luego en un idioma que no entendí y que sonaba a veces musical y a veces áspero. Repetía palabras o fórmulas y mi voluntad, poco a poco, dejó de pertenecerme.

Entonces escuché su Voz, dulce, un tanto diferente, distinta de la suya habitual. Pero no a través de mi oído sino como si llegara directamente a mis terminaciones neuronales, nítida, clara y sin volumen, sin interferencias.

Al principio no entendía el significado de sus palabras, no tenían sentido, pero continuaban, sin repetirse, en cadencia hipnótica, alternativamente placentera e instructiva, como sabio y afable discurso, cariñoso con mi ignorancia.

No sé cuanto tiempo estuvimos así. Mi sensación temporal estaba alterada. Mi voluntad intelectual anulada.

No así mi cuerpo físico, que reaccionaba como varón a su cercanía, complemento necesario a una sensación de placer cerebral.

De repente, todo se aclaró. No es que empezara a entender una palabra aquí y otra allá, hasta alcanzar una coherencia: de golpe todo tenía un significado pleno. Las palabras, o conceptos, yo no sé cómo explicarlo, se explicaban a sí mismas por su propio sonido musical. Era como recuperar el nombre auténtico de las cosas. El redescubrimiento del nombre que Adán, por encargo de Dios, le dio a todas las cosas, a todos los animales, a todas las circunstancias. El símbolo y el objeto se fundían en un todo inseparable.

Tras un tiempo indeterminado, que yo era incapaz de apreciar, la comunicación cesó, de repente, igual que había comenzado.

Me sobresalté. Miré a Eugene, que me sonreía.

-¿Qué... era... eso...? –pregunté lentamente, como si hubiera perdido mi capacidad de hablar, y la recuperara despacio.

-No te preocupes ahora -fue a poner su dedo índice sobre mis labios, con intención de enmudecerme, pero dudó, y optó finalmente por sellarme los labios con los suyos, húmedos, para finalmente apartarse-.

Lo cierto es que, para mí, la separación fue físicamente dolorosa, lo que pareció divertirle.

Yo no le veía la gracia. Estaba confusamente cabreado.

Se invitó a mi apartamento, donde prometió darme más detalles.

Me tomé, en cualquier caso, un tiempo para rebajar mi excitación con alcohol. Para asumir, también, mi confusión".

"()...Es sencillo de explicar, pero la práctica requiere un poco de Fe. Se trata de emplear Energías Básicas, que sin embargo escapan a nuestro entendimiento. El mecanismo supera nuestros conocimientos científicos actuales, aunque la evidencia empírica demuestra su realidad. Y hemos aprendido a controlarlo.

En cuanto a su utilidad, en el fondo es simplemente una forma de comunicación más, solo que independiente de la tecnología. Es práctico, pero no va más allá, aunque resulta impresionante la primera vez, porque escapa claramente del mundo que nos hemos construido para vivir, y eso asusta, y molesta".

-¿Quieres decir que se trata de una técnica? ¿Telepatía?

-En realidad, sí. Existe una propensión, que facilita el entrenamiento, pero, salvo mentes excesivamente cerradas o anuladas, cualquiera puede adquirir la habilidad suficiente.

-¿Mentes anuladas? ¿De forma natural?

-Hasta donde admitas que lo natural es estar alienado. La sociedad en que nos movemos tiende a ello.

-Entonces no es tan sencillo –afirmé reflexivo-.

-Sobre todo, requiere voluntad, y un poco de Fe, ya dije.

-¿Me puedes enseñar?

-Lo voy a hacer. Es parte de mi cometido.

-Resulta agradable. ¡Podemos empezar cuando quieras! –manifesté, dispuesto a repetir la experiencia en toda su extensión.

Ella se rió. Y me miro, pícara.

-Bueno. Tengo que advertirte que, en tu caso, he establecido por mi cuenta ciertas modificaciones en el procedimiento que, desde luego, no son imprescindibles, aunque sí aconsejables.

-¡Ah, ya!... –un poco defraudado.

-¿Te gustó el método?

-No te puedo engañar.

-Nada nos impide, pues, continuar con el mismo sistema.

Me abrazó sobre mis hombros, se acercó a mi mejilla, hasta mi oído, y empezó de nuevo:

-El contacto físico no es imprescindible, primera lección, –susurró- pero facilita la comunicación.

Y siguió en francés.

-¡Me... gusta... así!... – pude balbucear".

(Esta conversación no es hablada, sino telepática. Lo que sigue es una especie de burda traducción).

-"La telepatía es sólo un medio de comunicación, conocido hace mucho tiempo, que empleamos por seguridad. No tiene mucho de misterioso. Únicamente se trata de aceptar e interpretar las ondas magnéticas que de forma intencionada intercambiamos.

Como se da directamente de cerebro a cerebro, el lenguaje como intermediario es inútil. Los idiomas desaparecen porque se envían ideas, imágenes, sensaciones completas, sin intermedio de signos acústicos, visuales o convencionales.

Pero no sirve para leer el pensamiento, como pareces querer interpretar, porque se precisa una intención en la emisión y la recepción. Lo más que puedes captar en una persona no entrenada son interferencias, sensaciones difusas, inconcretas, deformes, que te pueden confundir con facilidad. Mejor no lo intentes.

-Pero si consigo el control necesario ¿Puedo intentar el contacto con cualquiera?

-Sí, pero no es recomendable si no conoces a la persona. Quizá es el momento de hablar de otras cuestiones. Existen,... entes,... interesados en el uso de este mecanismo y otros más potentes, como te comenté, en forma egoísta. Esto significa que podrías contactar con uno de ellos y quedar al descubierto, y te podrían inutilizar, engañar, causarte daño...

-¿Daño? ¿Daño físico?

-Dependiendo de su poder, puede llegar a dañar tu cuerpo, tu mente, ambos.

-Eso suena peligroso.

-Lo es. Todo es peligroso. Yo soy peligrosa. ¿No sientes cansancio?

-A decir verdad, sí. Noto el esfuerzo.

-Es así. El desgaste que se produce es muy elevado. El riego sanguíneo se concentra en el cerebro, faltando, lógicamente, en otras zonas.

-¿Por eso estamos en la cama?

-Por eso, y por otras razones más personales. Si enmudeces ahora, notarás que recibes más ración de sangre en otros órganos no menos importantes que el cerebro, y el placer se incrementará a niveles... más elementales.

-Estoy deseando probar. Hasta pronto.

-Hasta pronto. ¡Así no vamos a terminar las prácticas nunca!...

Y nos abrazamos más fuertemente, desnudo contra desnudo.

Se me había pasado el enfado".

 

Soy consciente de que todo esto no prueba nada; en realidad, no necesito que me crean. Pero entenderéis que tenga mi reserva hecha para este verano en una pequeña localidad de la Costa de la Muerte, que no quiero mencionar, como punto de partida hacia otro destino mucho más lejano, que me indicará Eugene.

En cualquier caso, por el momento, quedo a vuestra disposición para cualquier aclaración, en la medida de mis conocimientos.

Juan Antonio Pizarro. 2005 

 

Melódica

Melódica

Inspirado en Ballade pour Adeline, Richard Clayderman

Aclara la luz.
El río duerme en los pétalos
alineados del amanecer.
La vega toca las piezas
del clavecín celestial
que acompasa,nos acompasa
entre ávidas manos de pálpito.

Llueve.
Musitan hojas,
tililan medias verdades
cual ritmos roturados
por forja exhumada
de los vientos.

Atardece.
Sol y vida ya no conjugan
el mismo verbo.
Los lentiscos reposan
su rictus de arcilla
bajo tiro de gracia:
(desarraigo furtivo).

El jardín
es la epidemia siempre infame
del no silencio.

Gimen, escuchan,
sospechan
los sicofantes de la luz.

Aclara, destapa la noche.
¡Por fin el aire nos concede lecho!


Ángel Fdez. de Marco (Álibe). 2005

El proveedor de iniquidades Monk Eastman

El proveedor de iniquidades Monk Eastman

Desde 1899 Eastman no sólo era famoso. Era caudillo electoral de una zona importante, y cobraba fuertes subsidios de las casas de farol colorado, de los garitos, de las pindongas callejeras y los ladrones de ese sórdido feudo. Los comités lo consultaban para organizar fechorías, y los particulares también. He aquí sus honorarios: 15 dólares una oreja arrancada, 19 una pierna rota, 25 un balazo en una pierna, 25 una puñalada, 100 el negocio entero. A veces, para no perder la costumbre, Eastman ejecutaba personalmente una comisión.
Una cuestión de límites (sutil y malhumorada como las otras que posterga el derecho internacional) lo puso enfrente de Paul Kelly, famoso capitán de otra banda. Balazos y entreveros de las patrullas habían determinado un confín. Eastman lo atravesó un amanecer y lo acometieron cinco hombres. Con esos brazos vertiginosos de mono y con la cachiporra hizo rodar a tres, pero le metieron dos balas en el abdomen y lo abandonaron por muerto. Eastman se sujetó la herida caliente con el pulgar y el índice y caminó con pasos de borracho hasta el hospital. La vida, la alta fiebre y la muerte se lo disputaron varias semanas, pero sus labios no se rebajaron a delatar a nadie. Cuando salió, la guerra era un hecho y floreció en continuos tiroteos hasta el 19 de agosto del novecientos tres.

Historial universal de la infamia (1935). J.L. Borges

Novedad editorial - Maximiliano Revilla

El 14 de Octubre tuvo lugar la presentación del poemario De todo lo que no se pierde, (Ediciones Vitruvio) de nuestro compañero y amigo Maxi Revilla en el Gran Hotel Canarias de Madrid. El evento, cargado por igual de momentos álgidos y humorísticos del autor, tuvo una expectante acogida por parte de los asistentes. Contó con la colaboración especial de la poeta Montserrat Doucet y el editor Pablo Méndez. ¡Enhorabuena Maxi! Esperamos que muy pronto nos vuelvas a sorprender con una nueva publicación.

Desde mi orilla

Desde mi orilla

Puede que vuelva tu amor extendido
y me quiebre,
como un ala en su sombra.

Que cada beso aprenda su distancia,
y me devuelva
donde todo comienza.

Que el color de tu herida
sepa que existo,
y que no pueda decir adiós
a las esquinas de tu noche.

¿Podrás detener, amor,
esta mirada llena de viajes
que aprieta los bordes tejidos de mi orilla?

Mar García. 2005

Al grito de abordaje

Al grito de abordaje

Melilla, 26 de Septiembre

Querida Narinne:

«Por fin llegó el momento de cruzar la línea de la esperanza. No más esperas, no más promesas incumplidas, no más visiones enlodadas en limitación y carencias; ha llegado el instante en que saltar del abismo en el que habitamos deba pasar a formar parte de nuestros recuerdos de juventud e infancia. Mientras la ciudad duerme tras una nueva jornada, el silencio gesticula estrellas, la oscuridad impone su ley marcial; y la catapulta de peldaños que fabrique, junto a unos compatriotas, esperará escupirnos bien lejos de la custodia militar durante la madrugada.
Hoy las previsiones meteorológicas apuntan a que la noche será fría, aunque libre de nubes. Quizás habrá que prestar mayor atención a la patrulla que con frecuencia merodea por la pista de vigilancia.
Aunque tengo hambre -pues apenas probé bocado en dos días- mi cabeza se mantiene muy distante del desaliento y la congoja. Cuando un nubarrón de tristeza pretende alojarse dentro de mí, saco del bolsillo la foto que me regalaste en la despedida, junto al niño; y, al instante, un hilo de sonrisa me provoca olvidar la soledad, la añoranza y la humedad que me acompaña en este punto fronterizo con Europa.
Hoy querida tuve una experiencia singular: asistí al parto de una muchacha togolesa que nos acompaña. Al parecer su marido falleció semanas antes por neumonía en el centro de acogida, dejándola sola en esta última etapa. La sorpresa vino cuando hoy, a primera hora, empezó a sentir dolores agudos en el vientre y ante la ausencia de mujeres, me ofrecí a asistirla. Sus nervios se encontraban tan encendidos como sus gritos, teniéndola que tranquilizar para evitar ser localizados por la gendarmería. Gracias a Dios el parto fue rápido y feliz; y tuvimos la ocasión de contemplar a una preciosa niña a la que su madre puso el nombre de “Esperanza”.
Entre todos hemos decidido que esta niña abandere simbólicamente nuestra meta, nuestra lucha, nuestra batalla irrenunciable por abrazar una vida más digna, abierta en oportunidades como la de nuestros hermanos del norte. Sería bonito soñar que cuando en el mañana esta bebé se haga mayor, y sea consciente de sus orígenes, sea una firme defensora de los derechos de los más desamparados en los principales organismos mundiales; ¡Tan necesitada está África de líderes honestos, tan necesitada !
Querida, quedan ya pocas horas para realizar el abordaje. Emularé a ese saltador de altura que tan divertido te pareció en el canal de televisión ¿lo recuerdas, verdad que sí?
A estas alturas siento una serenidad poco comprensible para muchos de mis amigos de aventura. Mientras unos rezan el Corán, otros toman algún alimento, o se desvisten para acomodarse, yo escribo lineas con la seguridad de que os llegaran para iluminaros en este compromiso nuestro tan esencial en la familia .

Cada vez está más cerca ver cumplido el deseo de libertad. Muy pronto un nuevo mundo lleno de alicientes me esperará para abriros a todos el horizonte, el puente a la plenitud; sólo queda que una brizna de suerte venga a acompañarme para conseguir, con mucho esfuerzo, este fin tan esperado.

Muchos abrazos Narinne, muchos besos al pequeño Arún, a mis padres y hermanos. Recibiréis en poco tiempo noticias mías».

Alá esté contigo.

Yarmal

P.D.: Hazme el favor de tranquilizarles en todo momento, y si te llegan noticias poco halagüeñas intenta encubrirles cualquier información que les pueda apenar.
Mi fe es ciega y Dios es grande.

Tiempos que corren - la soledad -

Tiempos que corren - la soledad -

Nunca mejor título para calificar los tiempos que vivimos. Corren, corren, y ¡hasta vuelan!. Está muy de moda en los últimos tiempos criticar este tipo de vida que llevamos con tanto estrés, pero ¿de qué sirve hacerlo?, si seguimos llevándola. La criticamos para mal pero a la hora de la verdad nos vendemos y nos dejamos llevar por la corriente, y es que como suele decirse, del dicho al hecho va mucho trecho.
¿Saben cuál va a ser la enfermedad principal o uno de los grandes males del futuro?, o mejor dicho, ¿cuál es la enfermedad principal del presente y al paso que vamos del futuro por tanto?, y al decir principal me refiero a la enfermedad que se va a instaurar entre nosotros como una lacra y nos va a ir desgastando poco a poco o deprisa según el caso, cual cáncer hace con quien lo padece; pues esa enfermedad es la SOLEDAD, señora Soledad, con el tiempo la llamaremos la Sole, pero no la Sole que es la vecina de al lado, no, sino la Sole de “Soledad Solitaria”.
Pues bien, dicha soledad, y ya no lo pongo en mayúsculas porque con el tiempo pasará a ser algo común, puede manifestarse de varias formas, pero una de ellas conocida por todos o por casi todos, es la depresión.
La soledad, esa compañera que hace estragos en las sociedades cuando se instaura dentro de nosotros. ¿Se han sentido alguna vez solos?, y no me refiero solamente a la soledad de carencia física, sino a la soledad mental, es decir, sentir que no tienen nada alrededor que les sirva para identificarles, porque en vez de haber construido durante la vida presupuestos y pilares que le dieran sentido a su existencia, han perdido el tiempo en no necesariamente destruir, pero sí en no construir, que para el caso es lo mismo.
Pues bien la soledad a la que me refiero es aquella que aparece o aparecerá cuando uno mire hacia atrás o hacia abajo y vea que no tiene esos pilares en los que sostenerse, no tiene nada construido que le dé sentido a su ser. El problema está en que durante el recorrido no nos damos cuenta que la vida corre y la desperdiciamos, pues si nos diéramos cuenta estaríamos a tiempo de empezar a construir y darle significado a nuestra persona.
¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos sigan manipulando de la forma en que lo hacen?
El Planeta Tierra es un gran negocio, para unos cuantos, que para otros o la mayoría es un corral o rebaño.
Como decía la canción, LA VIDA SIGUE IGUAL….

Dr. Martín-Rubio

Ciclos llenos de preguntas

Ciclos llenos de preguntas

Excepto el sol nada permanece. Tampoco el mar.
Tan sólo el fuego constante que hiere la vida.
Labios que susurran nombres eternos.
Ciclos que se cumplen llenos de preguntas...

Pues- aunque nadie pueda saber jamás la verdad-
prosigue la búsqueda sin brújula y sin respuesta
de una primavera nueva, plena y distante
que abra caminos
en nubes de luz y planetas azules de vino.

Mientras, en la espera,
el agua cae lenta y ausente
sobre los pasos de futuro
que, necesariamente, tendremos que dar.

Isabel Delgado. 2005

Valladolid - Ciudad Rodrigo - Sierra de Francia

Valladolid - Ciudad Rodrigo - Sierra de Francia

A la entrañable Mar,
por su generosa acogida.

Un nuevo compromiso con la adicción exploradora cayó sobre mi idolatrada pasión por el descubrimiento de lugares dignos de peregrinar. En esta ocasión la propuesta viajera se dispendió maravillosamente y, en primer lugar, por la ciudad de Valladolid (festiva, frenética, embargada de algazara y vitalidad por las fiestas patronales) y, al día siguiente, en un trayecto compartido por varias amigas pucelanas, por la Sierra de Francia entre paisajes luminosos, frescos y villas de indudable sosiego y sabor montañés.
Vayamos por partes. La llegada ya nocturna a Valladolid llegó con el acompañamiento de un cierto gustillo a aturdimiento –ni qué decir tiene a estas alturas que esta percepción ya es ahíto conocida por mis seres más cercanos – que no se disipó hasta bien entrada la noche. Parte de “culpa” en encontrar ese punto de normalidad la tuvo mi cicerone Mar; sus conversaciones aportando toques culturales, apuntes gastronómicos y temas de las más variadas estirpes compusieron una velada amena, inspiradora de recuerdos perdurables ante una concurrencia con ganas de disfrute y diversión.
Entre tapas y diálogos cercanos, entre recorridos por la urbe y frescor por mi errónea indumentaria transcurrió la noche. Imposible serán de olvidar (necio de mi si osara llegar a ello), las anatomías arqueológicas de la Iglesia de Santa Mª la Antigua con su original torre románica, la fachada de la incompleta Catedral ofreciendo un duelo singular de originalidad frente a las archiconocidas góticas de León y Burgos; también la Plaza Mayor y la fachada de la Universidad se mostraron en todo su apogeo ante mi asombro, siempre en estado de alta actividad.
Sólo el cansancio acumulado de los últimos días pudo imponer freno a mi particular degustación histórica. El día siguiente esperaba la serranía de Francia; convenía encontrarse renovado, fresco para preludiar la incursión.
A primeras horas del día se levaron “anclas” con rumbo a La Alberca. Sorprendente fue advertir, durante fragmentos del viaje, densos nubarrones que advertían entrar en acción, y bancos de nieve que, conjurados sobre vastos campos de cereal, prejuzgaban nuestras inmensas carestías orientativas. Buena prueba de ello pudo comprobarse cuando involuntariamente accedimos a Ciudad Rodrigo tras perder la pista del destino estipulado. En la localidad salmantina, la vetusta Mirobriga, decidimos apearnos para desentumecer músculos, incentivar frugalmente los estómagos; el resultado de la parada: una fascinante sorpresa con la belleza medieval que derrocha en pleno este burgo. Recorriendo el núcleo urbano no fue difícil avistar imponentes casas señoriales todas ellas recamadas por vistosos blasones nobiliarios. La Plaza Mayor, hermosa en cuánto a su irregularidad, nos concedió el regalo de observar el porticado ayuntamiento donde se nos prestó, con amabilidad, todo tipo de recomendaciones turísticas. Ya desandado el camino, dirección al auto, no pudimos impedir la tentación de entrar en la Catedral (conjunto interior que atesora un amplio retablo, varios sepulcros y poderosa sillería) dando por finalizado y bendecido el curioso desvío.
Por fin se llegó al territorio de Las Batuecas. El poblado de La Alberca vino a colgarnos, a los cuatro tripulantes de la travesía, el medallón de alto rango de la persistencia sólo concedido a aquellos moradores que no claudican con facilidad al desaliento. Todo el trazado de las calles permanecía con un aceptable número de curiosos; la mayoría cautivados por las florales fachadas de las viviendas y la maravillosa atmósfera de ese día, despejado y saludable. Escapar de allí se antojó como una pequeña desconsideración a los espacios apuestos; el viaje debería continuar.
A muy pocos kilómetros distaba la más humilde y desconocida villa de S. Martín del Castañar. En ella me topé con una arquitectura popular similar a la de sus vecinos pero con menos afeites, con menos brillos y destellos en forma de restauraciones. En cambio su plaza taurina, su fuente del humilladero, su castillo-necrópolis con línea amurallada y extraordinarias perspectivas de la Sierra de Béjar no encontraron parangón en la comarca inmiscuida por nuestra curiosidad.
El balance final del viaje fue notable, excelente. Cómo en tantas ocasiones este último causó, al igual que otros conservados en pócima de recuerdo, un efecto revelador de dimensiones incalculables.

Ángel Fdez. de Marco (Álibe)

Recuerdo la mirada de lejos

Recuerdo la mirada de lejos

Recuerdo la mirada de lejos,
el viento hosco de aquellos días,
el paisaje y sus abiertos caminos
al aire de nubes, a tu espacio de vida.
¿Quién, mañana, dirá quién fuiste?
Sombra de ti es esta nostalgia,
vago polvo de palabras
hoy levanto enardecido.
Más allá de estos muros del tiempo,
de este desierto sin nombre,
más allá de mi mismo
yo hubiérate señalado
la posible, necesaria
humanidad de otra vida.
Hoy, aún me duele aquella vieja herida
cuando, tras la ventana
miro la noche beber la distancia
de un sueño borrado, de un fuego dormido
en la fría y oscura dignidad del silencio.

José Haro Olivas. 2005