Sobre despropósitos y desfachateces en el Real Sitio
¡Atención ciudadanos!, vecinos todos de la villa ribereña de Aranjuez, su ínclito, venerable y paisajístico Real Sitio de sus amores comienza a hacer aguas en su casco de flotación. ¿Motivos?… ¡Ufff!, los hay variaditos, de colores variopintos, pero, sobre todo, y en el caso que nos ocupa, deseo abordar uno de los relevantes, de los de repercusión futura: la esquilma del maderamen cultural que atesoró, hasta fechas muy recientes, nuestra estimada localidad.
Y es que en épocas de borrascas furibundas como la presente donde los rumbos financieros y económicos de la mayoría de los tripulantes se ven sometidos a presión, a veces, insidiosa y asfixiante; hablar de cultura, o de su preocupante debilitamiento por la acción de la mano pública en Aranjuez, puede parecer una ligera peccata minuta en la gran tormenta del océano revuelto. Desde luego, y en mi parecer, ni mucho menos lo es, y es causa de mi sorpresa y protesta enérgica como aviso a todos los navegantes comprometidos y en acción.
Para empezar es inconcebible que la oferta cultural del municipio sea podada, tan gratuitamente, sin conciencia profunda de los efectos que este hecho puede provocar en épocas próximas o futuras. Con decisiones como la eliminación de eventos hace algún tiempo como la prestigiosa aula de Poesía “José Lu
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¡Palabras, palabras! Partículas de costra, carne y zumbido. Palabras, substratos, palabras conjuradas en lluvia como fungicidas (no residuales), contra el azote maléfico.
Álibe.
Efecto Doopler

-¿No me das un besito, nene? -Sugirió la voz al otro lado del aparato.
Entonces Mister Doopler no pudo evitar como muchas otras veces, dejarse llevar por su imaginación calenturienta. Cerró los ojos, abstrayéndose en ese mundo particular que se habría creado: un cuerpo sensual, unos labios jugosos, una lengua diabólica. No era como chatear en donde la incertidumbre de lo desconocido lo amendrentaba, era más el contacto sonoro de una voz femenina, melosa y ardiente, lo que verdaderamente le excitaba. Él no hablaba, sólo escuchaba. Formaba parte del acuerdo establecido, como el hecho primordial y sin el cual sí se daba el aliciente, de que podía efectuarse en cualquier momento. Ahora mismo.
-Te mando uno de esos que tú ya sabes. Mmmm...... Mmmm. Sientes ahora mi lengua acariciando tus labios, penetrándote -Susurraba la voz.
Mister Doopler, sentado en una esquina de la tarima presidencial junto a sus colegas en la ponencia, una video-conferencia nacional acerca de las Historia de las Telecomunicaciones, permanecía ensimismado con la mano pegada a la oreja, ajeno completamente a todo, sólo viviendo plácidamente como poco a poco algo le ardía dentro del pantalón. Su pequeño periscopio emergía con timidez navegando por entre las aguas del boxer como espía alemán, con los torpedos en posición de disparo. El fuego le subía ahora por el estómago, rozándole los pulmones, oprimiéndole el corazón. Sintió una vez más aquella lengua lasciva dentro de su boca quemándole vivo.
-Te voy a comer enterito
... (... continúa)Luz de luna en el bosque de medianoche
En la suspensión de la planta trepadora
se mueve la luz lunar sin conciencia...
¡como la bella bailarina mítica del budismo!
Dos ojos asombrados por la belleza quedan despiertos aun en la
ebriedad profunda:
¡la ciudad antigua de Rajagriha!
S. Chattopadhyay.
De La pared de Agua. Ed. Olifante.
Efluvios bengalíes

Un nuevo título, sugerente y cautivador, ha relacado recientemente en nuestras manos: "La pared de agua. Antología de poesía bengalí contemporánea" (Ediciones Olifante). Ésta entrega, en un fino y acertado trabajo de selección por Violeta Medina, cubre moderadamente el vacío existente de literatura india en castellano; más aún cuando hablamos del género lírico, espacio, hoy, muy desconocido para la mayoría de lectores hispano-hablantes. El volumen refleja a un amplio e interesante mosaico de autores bengalíes (de mediados del siglo pasado a nuestros días) donde podremos constatar que se expande más senda poética que la sombra de Tagore, donde se emana más conceptualidad que la mística tradicional del subcontinente, donde la tendencia social aspira y se alza en multitud de estilos y funcionalidades.
Apuren La pared de agua hasta el último sorbo. Generosidad cromática y subyugante en un libro nacido desde la pureza del agua con el propósito del gozo y la reflexión vital.
Álibe
Mis venas son murmullos de ámbar

Mis venas son murmullos de ámbar presenta un caleidoscopio poético donde la gestación creativa y el compromiso con la luz reveladora de la palabra, recorren, con exultante vigor, el organismo imaginario del hombre delirante en versos y otros avatares del misterio humano. El conjunto textual transita, sin ramificaciones varicosas, por el cosmos de la memoria histórica, por los hitos de la cultura, y por la geografía fisurada del corazón y sus conductos devocionales en un noble acto de redención con las ínfulas del fuego.
Álibe
Del ojo ciego
No está tan ciego el ojo que no ve
como el ojo que ve y no mira.
No está tan solo en su ceguera
quien ve nacer dentro de sí
una débil y misteriosa llamarada.
Llamemos ciego
al ojo que pasa de largo frente a las cosas.
Apiadémonos de su incapacidad de ver.
Musitemos junto a su oído:
“esto es un árbol”, “esto es una rosa”.
La ausencia de visión
no es ausencia de la capacidad de ver.
Ven los videntes, los demás miran,
los demás creen ver.
Y confunden una rosa con la rosa,
confunden un árbol con el árbol.
Apiadémonos de los que no tienen ojos
para leer las hojas de un árbol,
de aquellos que confunden la rosa
con el perfume que emana de ella.
Apiadémonos del que tantea un objeto
y lo confunde con su forma exterior,
y cree que todos están hechos
con la misma irremediable materia.
Apiadémonos del que olvidó la infinita forma
de la forma,
apiadémonos de la oscuridad que reina
en sus pupilas.
El secreto no está en la imagen, sino en ver.
La verdad no consiste en percibir,
sino en el acto de posesión.
El ojo ciego se ríe del ojo que no ve
porque en la oscuridad ve mejor las cosas.
La oscuridad es la meta de todo verdadero vidente.
La noche, la eterna noche
Vi el arco de la sonrisa

Vi el arco de la sonrisa
bajar al umbral del sol.
Descubrí el aura del silencio
y la mullida piel de la verdad
sobre tu cuerpo:
ánfora de ébano labrado
en besos nocturnos
de satén puro.
Veo la luz
con tu ademán de pureza,
con tu pose libre
de nube oscura
y corazón de hierro.
Venero como llegaste de la lluvia
sin oxidar tus labios,
venero como zanjas el mal
sobre el noble espejo del aire.
Tamiz Burkina

"Frente a mi, como el alba asustadizo del levante, te yergues vigilante, rigurosa, maternal geometría; consuelo humano que florecerá, alguna vez, en la arena inmortal de la belleza".
Álibe.
En busca del unicornio

... "Y luego establecí que no salieran a la ciudad hombres solos sino en cuadrillas de a diez por lo menos, y esto fue por excusarnos de las muertes y puñaladas y ruidos que cada día había en las callejas y entre las tapias, por causa de que no habiendo allí más vida que la que traen las caravanas, concurría gran muchedumbre de gentes que iban creciendo de día en día, sin bocado que llevarse a la boca, y era de ver cómo eran capaces de echar a un hombre las tripas fuera por robarle un puñado de sal.
Y cada día venían más negras que negros y supimos que todas las mujeres de los pueblos de alrededor se hacían putas cuando llegaba caravana y estaban en Tombuctú hasta que era otra vez partida, con lo que regresaban a sus casas y a sus maridos e hijos asaz ricas y contentas ya que no muy honradas. Y vinieron ballesteros contando como habían yacido con negras y retintas y alabando mucho que era muy placentero. Y picado en la curiosidad fuime yo a probarlo y lo probé y hallé que era como hacerlo con mujer blanca, sino que las negras tienen sus partes más prietas y calientes por dentro y les huelen no a pescado pasado, como a las blancas, sino más bien a cecina de carnero rancia. Y habiendo tantas mujeres ofrecidas, no cobran mucho por yacer sino que por un puñado chico de sal van muy con
... (... continúa)



