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09/11/2007
El tercer ojo

Obra diáfana,cristalina,henchida de culto orientalista y místico la que Lobsang Rampa tuvo la certeza de escribir para deleite de millones de lectores de todo el planeta. El libro, vertebrado en primera persona a modo de memoria, narra las vicisitudes que el jovencísimo Lobsang atraviesa desde la salida del acomodaticio hogar familiar hasta su ingreso en la lamasería tibetana de Chakpori, y su ardua y sacrificada educación para consagrarse en un eminente lama.
Las trescientas diecisiéte páginas de este título suponen sumergirse en un delicioso cúmulo de experiencias, circunstancias personales e iniciáticas de singular atractivo. Producen un interés inusitado y gradual, a través de las vivencias del novicio, por discernir los planteamientos sociales, religiosos y culturales entre Oriente y Occidente, siendo capaces de generar una convulsión emocional en el lector con edificantes parajes, parábolas por las que el aprendiz-protagonista cruzará a lo largo de su trayectoria existencial.
Especialmente destacables se ofrecen los episodios donde el pequeño Rampa sufre las rigurosísimas pruebas de acceso antes de su admisión, o la apertura del tercer ojo que le permitirá gozar de las misteriosas e inaccesibles ciencias ocultas propias del Himalaya.
Son de valor notable los diálogos, las interacciones que surgen entre el Dalai y el muchacho, entre el guía Mingyar Dondup y su avezado discípulo ratificando, así, los abundantes aciertos narrativos que jalonan buena parte de este ejemplo literario. Apenas son visibles
... (... continúa)01/12/2006
Rebelión en la granja

Sátira lúcida, espléndida, mordaz con fustes irónicos es ésta obra del maestro Orwell, escrita a finales de la 2ª Guerra Mundial y que no ha perdido, hasta nuestros días, un gramo de frescura y contemporaneidad.
La fábula moderna "Rebelión en la granja" actúa como el escorzo de una patada efectuada en el vientre de la utopía humana, donde los planteamientos o nuevos sistemas morales, sociales y políticos fracasan en el vano intento de búsqueda de soluciones éticas en la condición humana.
El libro ficciona en la piel de los animales residentes en una granja inglesa que, contemplando el cúmulo de injusticias a las que son sometidos, derrocan sin compasión al propietario Jones, provocándole la huida definitiva de la alquería.
A partir de ese momento se fraguará, tras altercados violentos, un novedoso modelo de dominio en lo que aquello que recuerde y simbolice la mano del hombre será denigrado y abatido, ninguneado y boicoteado hasta niveles máximos. Como medida de control se instaurarán mandamientos que legitimarán el nuevo cambio de poder y regularizarán leyes y deberes a favor de su propia autonomía, en contra de la autoridad humanoide.
Todo el contenido de este libro es una abierta metáfora que abre las heridas y peligros del abuso de jurisdicción, que ilumina las sombras de la corrupción y de la potestad mal gestionada; es un claro ejemplo para evaluar las enormes dificultades que sufre cualquier sociedad para conseguir una armonización justa e igualitaria, sin verse coartados los derechos d
24/08/2006
El loco, de Jalil Gibrán

“Fue así que enloquecí. Y en mi locura hallé la libertad y la seguridad; la libertad de estar solo y la seguridad de no ser comprendido...”
Reza Gibrán con esta aseveración en el principio de su obra “El loco”. El libanés, autor místico de principios del siglo XX, aborda en el libro una búsqueda irrefrenable de luz, verdad, justicia y virtud que producirá al lector una apertura cándida y visionaria llena de sutilezas, a modo de relatos concisos, muy breves. Con una estética e imaginería sencilla, pero variada (que nos familiariza cercanamente con la tradición orientalista de “Las mil y una noches”, o la línea filosófica de Jayyam), el texto permite atisbar un preciso recorrido sobre las esferas concéntricas del espíritu humano o, en su mayor particularidad, en las estaciones cíclicas de su conducta. La mezquindad, la vanidad, la ambición, la envidia, el engaño ocupan implícitamente las acciones que los personajes desarrollan en los melifluos relatos que la pluma de Jalil expone; siempre con el sello no boicoteado de la belleza transparente, lírica, de gran intensidad. En conseguir esos efectos se sirve de una estructura narrativa similar a la de la fábula donde los protagonistas en forma de individuos, animales e incluso entes étereos e inanimados (“Los siete egos”, “las tres hormigas”), ofrecen a título coral normas y pareces éticos en un afán en que el lector elija y se involucre en el que considere más acorde a sus principios morales.
Jalil Gribrán se nutre de la experiencia de Dios, del estudio
31/03/2006
El corazón de las tinieblas

Trepidante, más que perturbador, angustiosamente excitante hasta niveles insospechados para el lector avezado, es este relato del mítico Joseph Conrad que vio la luz hacia el año 1902. La trayectoria de este magnífico gestor de narraciones es en sí una epopeya novelesca sin excesivos precedentes en la literatura de la época; hombre de origen polaco y adopción cultural anglosajona, marino y explorador de carácter proceloso, intrépido cuyo compromiso con la literatura deriva de tan extraordinaria experiencia profesional.
La obra nos cuenta con una técnica narrativa en primera persona engarzada en escenarios y tiempos disímiles, el viaje que debe efectuar el marino Marlow por la cuenca fluvial del río Congo bajo la presencia constante de la amenaza y el peligro. Su misión (en principio comercial y luego de apoyo y sustitución del extraño Kurtz), le acarreará numerosas sorpresas, dificultades y obstáculos de compleja resolución en ese laberinto del infierno que se convierte la jungla africana para el hombre blanco. La enfermedad, la enajenación mental, la ruptura social que se fragua al contacto con la población nativa, interactuarán directamente en una consecución fragorosa de hechos angustiosos que logran enardecer al lector desde las primeras páginas. Memorables los pasajes del viejo vapor surcando las aguas del río ante el acecho de alarmas y sucesos centelleantes; plásticas (hasta casi la saciedad), las muestras paisajísticas de un lugar privilegiado por su frondosidad pero endemoniado por las trampas
05/02/2006
El marino que perdió la gracia del mar

«Ha de haber esperándome un destino singular; una suerte de destino rutilante, privativo, al que no tendrá nunca acceso el común de los mortales.»
Así rezaban los sueños del joven marino japonés Ryuji Tsukazaki a bordo del carguero Rakuyo. El marino que perdió la gracia del mar es un válido ejemplo de tragedia oriental que inmiscuye y perfora, con exquisito tratamiento, el mundo de las atormentadas y opresoras relaciones humanas. Con una estilística pulcramente depurada, con un lenguaje bruñido, luminoso, retrata y ambienta escenas, rasgos psicológicos con una maestría fuera de lo habitual en los grandes narradores del siglo pasado. El autor (insólito caso de personaje épico, instigador social y artista de hondo calado) recoge de su frustrante y descorazonador legado infantil, material y argumentos sólidos para posteriormente proyectarlos en realidades merodeadoras al fracaso, al desenlace macilento, fatal.
La novela cuenta la historia de un marino oriental que, desilusionado por la vida marítima, descubre el amor en manos de una viuda acomodaticia y hundida en el letargo existencial. La presencia de Noboru, el hijo de esta última, surgirá como el polo hostil, como el punto de desequilibrio y desavenencias para que la relación atraviese por los quebradizos paralelos de la armonía.
Mishima reconduce al lector, lo timonea con mano firme y precisa a través de pinceladas interiores de paso lento, continuo; estimula las debilidades y carencias de los individuos con injertos erotizantes qu
18/12/2005
El Príncipe

“Así pues, viéndose un príncipe en la necesidad de obrar convenientemente según la naturaleza de los animales, será necesario que sea zorro para conocer las trampas, y león para destrozar a los lobos”.
Este brevísimo fragmento podría validar muy certeramente la praxis general con la que el fiorentino Nicolò Machiavelli expuso al “magnífico” Lorenzo de Médicis en el hermoso prefacio de su obra.
El autor, hombre obstinado y experimentado, curtido en infinitesimales avatares diplomáticos, observador de no escasas conspiraciones políticas y religiosas de la Italia del siglo XVI, abarca en su opúsculo El Príncipe un acertado tratado moral de relevancia extraordinaria.
En los primeros capítulos analiza con pulcro rigor cada una de las posibilidades y peligros que puede gozar o sufrir el heredero de cualquier trono europeo; escruta mediante referencias históricas los aciertos, errores que legendarios personajes de la historia cometieron, o, quizás, desafiaron, introduciendo un idearium de virtudes y peligros de conducta a los que puede verse sometido el soberano de cualquier gobernación.
El recorrido que apunta Machiavelli sirve para trazar esa compleja línea entre lo permisivo y lo ilícito, lo ético y lo disoluto, lo tolerable y lo inadmisible, en esa torre babélica tan corrupta como a veces tan desleal que supuso la política de las repúblicas itálicas.
El hombre para él esa bestia fagocitante que aniquila y desola, con la mediocridad de olvidar con mayor rapidez la muerte del padre q
25/08/2005
Las ciudades invisibles

Obra curiosa, compleja de clasificar, agudísima e interesante la que el autor Italo Calvino tiene la gentileza de ofrecernos en "Las ciudades invisibles".
Con una óptica humanista muy lúcida e imaginativa, el escritor italiano logra ubicarnos por un mágico trazado de villas, concomitante a las realizadas por el legendario Polo. A través de extraordinarias descripciones físicas, reminiscencias de esplendores pretéritos, Calvino disecciona la piel de cada rincón, paraje o mobiliario urbano que encuentra en un alarde constante y fantasioso de deseos incumplidos ante las rémoras de la decadencia y declives humanos. Todo orgullo terrenal que observa desde su atalaya, toda volubilidad y ambición que extrae de cada lugar confeccionado por su rico imaginario, y cada instinto de venganza contra los peligros de nuestras actuales sociedades, lo simboliza particularmente con los topónimos femeninos a los que alude en la novela. Al igual que el espíritu de la mujer tan bello e impredecible, tan distante como a la vez próximo a la seductora emoción de los sentidos, las ciudades de Italo transitan entre los espacios poco definidos del paroxismo y los de una realidad transfigurada en ordalías de brillos oníricos. Una pequeña muestra de ello puede percatarse en los parajes de Zobeida, donde la ciudad es fundada por el delirio de unos colonos subyugados al sueño mitológico; de Eutropia donde sus vecinos emigran temporalmente no sólo de municipio sino de hábitos de vida; o de Eusapia o Baucis, entidades cuyos moradores deciden e

