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CÁLCULOS DEL AIRE

El amo de la plantación

El amo de la plantación

Dentro De La Oscuridad


He abrazado la oscuridad de la muerte y he vuelto a nacer. Jugué una partida con la locura y perdí, de mi no queda más que la sombra que proyecta la oscuridad de un alma perturbada. Sin remedio, he caído en las garras de la desesperación, pero por algún motivo me quedan fuerzas suficientes para intentar renacer.
He encontrado la forma de permanecer lúcida escribiendo este diario. No estoy segura de que estas líneas sean mi pasaporte para recuperar de nuevo mi cordura, pero he de intentarlo, para de nuevo formar parte del mundo de los vivos. No quiero permanecer en este nicho frío, esperando a que los gusanos animados por el hedor de la muerte se den un banquete a mi costa, llenando sus grasientos y pequeños estómagos.
Debo respirar fuerte, dejar que el aire penetre por mi nariz, recorra mis pulmones buscando la fuerza necesaria, la que necesito para comenzar a hurgar en mis entrañas hasta llegar a los puntos más oscuros de mi ser. Una vez que he respirado profundamente y he abierto mi herida, esa que parece que cada día que pasa supura más, la que yo sé que no se curará hasta que la halla limpiado de todos los gérmenes que la envenenan y cuyo olor pestilente forma parte mi ser tanto que a veces he deseado arrancarme la misma carne para librarme de tanto pesar.
Ahora sé que es el momento de terminar con el cáncer que me ha consumido toda mi vida. Sí quiero volver a caminar sin mirar atrás, sin tener miedo de lo que los demás digan o piensen de mí, este es el momento. Quizás no tenga otra oportunidad para reunir el valor y bajar a las cloacas de mis recuerdos. Si no lo hago ahora permaneceré enterrada viva en esta oscuridad, en compañía de mi única amiga, la locura.
Miro las hojas de papel que sostengo en mi mano, son de un blanco tan intenso que parecen desafiarme a un duelo a muerte, mirándolas puedo adivinar lo que parecen pensar sobre mí. Creen que no podré trazar ni una pequeña línea en su inmaculada superficie, piensan que soy una perdedora y que nunca he hecho nada ni lo haré.
Pero no debo escucharlas, he de mantener la mente en blanco para comenzar a escribir las primeras palabras que me liberarán de mi propia tortura mental. De nuevo respiro hondo y comienzo a relatar lo que será mi pasaporte a una vida mejor, sin miedos ni pesadillas a media noche que me mantengan alerta como un soldado de élite, y que por fin pueda dormir, sólo dormir, eso es lo que quiero.


Carmen Sant-Omer

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