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CÁLCULOS DEL AIRE

El corazón de las tinieblas

El corazón de las tinieblas

Trepidante, más que perturbador, angustiosamente excitante hasta niveles insospechados para el lector avezado, es este relato del mítico Joseph Conrad que vio la luz hacia el año 1902. La trayectoria de este magnífico gestor de narraciones es en sí una epopeya novelesca sin excesivos precedentes en la literatura de la época; hombre de origen polaco y adopción cultural anglosajona, marino y explorador de carácter proceloso, intrépido cuyo compromiso con la literatura deriva de tan extraordinaria experiencia profesional.
La obra nos cuenta con una técnica narrativa en primera persona engarzada en escenarios y tiempos disímiles, el viaje que debe efectuar el marino Marlow por la cuenca fluvial del río Congo bajo la presencia constante de la amenaza y el peligro. Su misión (en principio comercial y luego de apoyo y sustitución del extraño Kurtz), le acarreará numerosas sorpresas, dificultades y obstáculos de compleja resolución en ese laberinto del infierno que se convierte la jungla africana para el hombre blanco. La enfermedad, la enajenación mental, la ruptura social que se fragua al contacto con la población nativa, interactuarán directamente en una consecución fragorosa de hechos angustiosos que logran enardecer al lector desde las primeras páginas. Memorables los pasajes del viejo vapor surcando las aguas del río ante el acecho de alarmas y sucesos centelleantes; plásticas (hasta casi la saciedad), las muestras paisajísticas de un lugar privilegiado por su frondosidad pero endemoniado por las trampas que atesora en cualquier recodo; colosales las estampas de los hipopótamos que, cual centinelas adiposos, guarecen el territorio de la presencia de colonizadores mercantiles de la vieja Europa.

La simbología que Conrad vertebra en su escritura es común, consustancial prácticamente en toda la narrativa. Por un lado se obceca en extraer el lado más oscuro, enigmático, miserable del hombre en un deseo moral altamente desesperado y al límite para redimirlo, liberarlo; y, por otro, una atracción inmanente hacia las desconocidas esferas de lo inasible del mundo, su entorno y repercusión en la sociedad. Sólo el humano es capaz de exponer su mayor talento e ingeniosidad en los instantes más arriesgados de la existencia. Así, Conrad, orfebre magistral de las emociones, opera diligentemente ese material experimentado en innumerables viajes marítimos.

Leer a este demiurgo de la ficción asegura estremecer al alma con los sentidos espoleados a muchas revoluciones. Por esta circunstancia caer en la tentación de sumergirse en el universo conradiano es una prueba inigualable, excepcional y fantástica que nadie, neófito o lector iniciado, debería desestimar; el placer que supone tal acción es digna de pertrechar sin rugarse en absoluto.

El corazón de las tinieblas es un relato legendario que con méritos sopesados ha subido al Olimpo de la narrativa clásica y universal. Estoy convencido que su inmortalidad lapidaria se proyecta muy por encima de su prosa glaseada y densa como es difícil encontrar en coetáneos suyos, (basta decir que en vida sufrió la animadversión de autores e intelectuales muy cercano a él); y de las caracterizaciones psicológicas de los personajes en ambientes próximos al delirio.
Joseph Conrad es un aventurero sin escudo de protección, entusiasta y genial en el abordaje de la psique humana tras el telón de la palabra. Merece que le dediquemos una atención primordial: seguro que nuestra conciencia nos los agradecerá.


Ángel Fdez. de Marco. 2006

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