Los siete pilares de la sabiduría

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Después de que Joyce y Dawnay se hubieran marchado salí de Aba el Lissan con Mirzuk. El día de nuestra partida prometía coronar el frescor primaveral de aquella elevada meseta. Una semana antes había soplado una furiosa ventisca y algo de la blancura de la nieve parecía haber pasado a la luz. El suelo tenía un aspecto vívido con la hierba nueva, y la luz del sol, que caía oblicuamente sobre nosotros pálida como la paja, suavizaba el agitado viento.
Con nosotros viajaban dos mil camellos del Sirhán que transportaban nuestras municiones y víveres. Por causa del convoy marchábamos sin prisa con la intención de llegar al ferrocarril después de oscurecer. Iban por delante algunos hombres a fin de inspeccionar la vía férrea a la luz del día y asegurar la tranquilidad durante las horas que aquellos dispersos efetivos tardarían en cruzarla.
Mi guardia personal estaba conmigo y Mirzuk tenía a sus ageyl junto con dos famosos camellos de carreras. La alegría del aire y la estación los cautivó.


T.E. Lawrence

07/07/2007 12:49

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